" ¿Qué estoy haciendo al escribirte? Estoy intentando fotografiar el perfume" Clarice Lispector






miércoles

mundo felíz


A la salida de la escuela vi que estaban armando el parque. Ya habían preparado el cerco de chapa de colores radiantes. Y el cartel que decía mun-do-fe-líz y que a la noche se prendía y se apagaba una y otra vez. También colgaban de los postes los cables para poner las lucecitas. Había de varios colores: rojo, azul, amarillo y verde. El cerco se arma con rombos de chapa de color azul y rojo, de día parecen gastados, pero de noche brillan como nuevos. A mí el corazón empezó a latirme fuerte. No pensé que fueran a volver tan pronto, si apenas comenzaban los días de calor. Todavía falta una semana para que terminen las clases. No me van a dejar venir. Ojalá se queden todo el verano y no como esa vez que sólo se quedaron un mes. Ojalá no llueva tanto y si llueve que a la noche salgan las estrellas y se seque todo rápido. Son los mismos del año pasado. Tres hombres altos. Los cuerpos musculosos. Están poniendo la vuelta al mundo. Desnudos en la parte de arriba. Les caen las gotitas de transpiración sobre la frente y en todo el cuerpo. Algunas caen sobre la vuelta al mundo. Brillan con el reflejo del sol como diamantes. Uno es el más alto y se nota que tiene mucha fuerza. Me parece que es el que da la sortija en la calesita. Me mira y se ríe. Es el mismo que vino el año pasado. Tiene una cadena gruesa con una cruz colgando del cuello y los ojos claros. Me dijo mi mamá que los gitanos son malos, que se roban los chicos y eligen los que están bien vestidos. Son gitanos los del parque, dijo mi mamá y mi papá ¿qué tiene que ver si son gitanos? Tienen un parque de diversiones ¿Por que son gitanos no la voy a dejar ir? En la escuela yo había estado pensando en el parque, siempre vienen después de que terminan las clases, después de navidad, pero ahora parece que se adelantaron. Mi mamá me dijo que no me acercara mucho cuando estuviera sola, dice que los gitanos tienen una bolsa grande donde meten a los chicos. Salen a pasear por el pueblo con la bolsa grande para disimular, pero adentro están los chicos que no dicen nada porque tienen miedo. Yo nunca vi a los del parque con una bolsa grande. A lo mejor no son gitanos. La señorita Julia hoy me retó en el ensayo porque no me salía el baile para fin de año. Tenemos que levantar la pierna todos en el mismo momento y a mí no me sale, siempre la levanto antes o después. No sé como voy a hacer el día de la fiesta. Es que también eso me pasó hoy porque estaba pensando en el parque, más que nada en la calesita, ya descubrí que desde el caballo blanco puedo sacar más veces la sortija. Cuando doy vueltas en la calesita yo lo veo a mi papá multiplicado por muchos, tiene muchas caras y si entrecierro los ojos es muchas veces mi papá. A veces me mareo y lo busco en un lugar donde no está, entonces él me llama y ahí me doy cuenta de que papi está del otro lado, pero yo lo veo en todas partes. Desde la calesita se ve todo como en una película, yo a veces juego a que mi papá se muere y entonces lo veo multiplicado como en mil espejos y esa música de la calesita que es tan triste y a mí me dan ganas de llorar, entonces abro bien los ojos y lo veo que me saluda y me muestra un copo de azúcar blanco y gigante que acaba de comprarme y ahí es cuando quiero saltar de la calesita para darle un abrazo. Todos los días cuando voy a la escuela miro el terreno baldío donde arman el parque los veranos. Después que ellos se van comienza a crecer la maleza. Arbustos y yuyos por todo el terreno. Enredados como el pelo de mi muñeca Pepa, que era de mi mamá cuando era chica, a la que jamás pude desenredarle el pelo. Cada vez que lo intento me quedo con un pedazo de pelo y la pobre Pepa casi pelada. A veces, durante el invierno cuando llueve mucho el terreno se inunda y algunos chicos se animan a cruzarlo con las botas de agua y se ensucian el guardapolvo blanco con manchas de barro que tardan en irse por más que los guardapolvos se laven una y otra vez. Cuando estamos formados para izar la bandera yo miro las manchitas de barro y algunas tienen la forma de las lamparitas que iluminan el parque, si las miro fijo se ve todo del color de la lamparitas, los juegos, las personas, el cielo, todo rojo, amarillo, azul y verde. Si miro fijo las manchitas de barro de repente se vuelve todo marrón, hasta la bandera. Todo el día pensando en el parque. Debe ser por eso que cuando salí de la escuela y los vi tuve la sensación de que ya sabía que los iba a ver. Habían limpiado el terreno. Hacían todo tan rápido. Parecía magia. Papá me dijo que si deseo algo con mucha fuerza se cumple, yo había deseado esto con mucha fuerza todo este tiempo. Mamá dice que no tengo que volar tanto, que tengo que pensar más en la escuela y más que nada en la fiesta de fin de año, si no me van a sacar del baile, porque la señorita Julia ya le dijo que yo no puedo levantar la pierna en el momento justo. Siempre me dice mamá que no hay que volar tanto con la imaginación ni ilusionarse mucho porque tengo que saber que, a veces, las cosas salen mal y hay gente mala que un día me va a hacer caer de las estrellas y el golpe va a ser muy duro. Mamá llora siempre y papá le dice que la termine. Que lo que pasó, pasó. Que ya no tiene remedio, ahora. Y mamá le dice yo no sé como podés hablar así. Y papá se va y no vuelve hasta la noche o algunas veces hasta el otro día. Yo me gané el primer premio del concurso de dibujo que organizaron en la iglesia. Dibujé el parque completo, con la calesita, la vuelta al mundo, los botes, los puestos de juegos donde iban los grandes: la rueda de la fortuna, el tumbalatas, la pesca, los aros y el juego de los cuchillos que era sólo para hombres. Dibujé todo, lo tenía en mi cabeza y me salía como por arte de magia. Tuve que usar tres hojas en blanco que papá unió con plasticola para que entrara todo, el tendido de luces de colores, la luna y las estrellas. También dibujé la gente, el señor de la sortija de ojos claros, también me dibujé a mí y mi papá con el copo de azúcar en la mano.




Las clases terminaron hace unos días. Yo me equivoqué en la fiesta de fin de año, pero papi dijo que no se notó tanto. Hace más o menos una hora que se escucha la música. A mí me parece que estoy adentro de una película. Todo comienza al atardecer. A la hora en que el camión regador pasa por la puerta de mi casa. A mí me gusta mirarlo desde atrás. El agua que aparece por los costados como si dos enormes regaderas se abrieran de repente. Y las calles quedan lisitas. De color marrón oscuro. Con pocitos salpicados de donde sale olor a tierra mojada. El olor del atardecer. A mí me dio mucha vergüenza que me saliera mal el baile de fin de año. Pero papá me aplaudía y me levantó el pulgar entonces se me pasaron las ganas de llorar ¿me vas a dejar ir al parque aunque no pude levantar la pierna justo a tiempo? Las luces del pueblo se empiezan a encender de a poquito una por una. Las lucecitas del parque se encienden todas juntas, de una sola vez. Y apenas se encienden se escucha la música. Y ahí es cuando me parece que estoy adentro de una película. Mamá me pone el vestido con flores azules o el otro rosado con flores blancas y me peina como una muñeca. Papá dice que parezco una princesa. Anoche mamá decía fue mi culpa. No puedo seguir así. No es lo mismo, nada es lo mismo. Y lloraba y lloraba y papá la abrazó. Desde la esquina de casa se ve la vuelta al mundo. Las luces brillantes de colores fuertes. Y la vuelta al mundo que rueda y rueda. Al rato aparecen las primeras estrellas. Y las luciérnagas que a veces me parecen estrellas. La señorita Julia pasa por la otra vereda y a mí me parece que también está adentro de una película porque se sacó el guardapolvo y tiene los labios muy pintados y unos zapatos altísimos. Y aparece luna redonda, enorme a un costado del cielo. Rellena de dibujos que si los miro fijo dejan de ser misteriosos. Una vez vi adentro de la luna a Totó que un día desapareció y papá me dijo que se había ido a vivir con un perro callejero que pasó a buscarlo una noche de tormenta. Y la música que se escucha cada vez más alta porque a medida que se hace de noche también se hace el silencio y sólo se escucha el canto de los grillos y la música del parque. Durante el día había pasado el camioncito con parlantes grandes de dónde salía música y una voz latosa que decía que esta noche te podés ganar un oso gigante y el oso sentado en la parte de arriba del camión parecía que tocaba el cielo de lo grande que es. Tenés que comer algo antes de ir, dice mamá y a mí se me cierra el estómago de lo fuerte que me late el corazón. Papá me lleva de la mano y a medida que nos acercamos se escucha más alta la música y la vuelta al mundo que se ve chiquitita desde mi casa ahora es muy grande, inalcanzable y a mí me parece que toca alguna estrella. Mun-do-fe-liz titila el cartel y aunque las lucecitas de la e y la i no funcionan yo sé que dice mun-do-fe-liz porque lo leí a la salida de la escuela cuando era de día. Hay mucha gente. Algunos que conozco y otros que no. Los que conozco no tienen la ropa de todos los días. También parecen dentro de una película. Como si fuera la primera vez que los veo. Papi me sube al caballo blanco y el señor de ojos claros, que parece ser el único que no está dentro de una película porque siempre usa la misma ropa, me alcanza la sortija y papá sonríe y yo empiezo a verlo multiplicado por mil. Pero no es mi papá. Es un hombre parecido que tiene un copo de azúcar blanco en la mano. Y de pronto estoy en sus brazos. Podés dar todas las vueltas que quieras dijo papá. Voy a ver a mamá que no está bien y ya vengo a buscarte. El hombre parecido a papá pero con otra ropa me lleva de la mano hasta una camioneta azul, brillante y nueva. Yo veo que otra nena se subió a mi caballo blanco. Y la calesita que no para más porque la canción no se termina. A mí se me pega el azúcar en la cara de lo grande que es el copo. Te llevo a tu casa dice el hombre de la camioneta azul y me limpia con la mano el azúcar de la cara. Yo nunca había visto de noche la arboleda de la salida de la escuela. Mejor esperamos en este lugar hasta que termines de comer. De acá podés ver bien el parque. Y es verdad, desde la ventanilla de la camioneta se parece más a una película todavía. Sacate las sandalias, así podés apoyar los pies en el asiento. De acá ves todo mejor, mucho mejor.
Veo el cielo. La luna enorme. La vuelta al mundo que toca las estrellas. Y el cartel que titila con la e y la i que no funcionan, pero que yo sé que dice mun-do-fe-liz.