" ¿Qué estoy haciendo al escribirte? Estoy intentando fotografiar el perfume" Clarice Lispector






lunes

el espejo de la señorita amelia

El de las flores grandes me parece demasiado llamativo. Y el vestido rojo no me queda como antes. No me queda mal pero ya no estoy para colores tan fuertes. Es que en invierno es más fácil. Siempre lo mismo cuando empieza el calorcito. Comencé a preocuparme cuando noté que todos se habían enterado. No sé porqué acá los rumores corren como agua. No se quien lo dijo. Ni como se enteraron. Yo no hablo con nadie. Sólo lo necesario. Y que yo sepa nadie que me conozca de antes estuvo por aquí. Es un misterio como corren los chismes en este pueblo. Pero me di cuenta que lo saben por la manera en que me miran. Nunca me prestaron tanta atención como ahora. Estas almohaditas rellenan bien. Tuve que arreglármelas para fabricarlas yo misma, si no acá enseguida se sabe todo. Igual no sé como se enteraron. Este celeste con rositas chiquitas es el menos escotado. No sé para qué me compro estos vestidos si después no los uso. Pero es que si estoy muy abrigada en esta época se me nota más. ¿No tiene calor, señorita Amelia? Y me miran justo acá. Una vez leí que no somos esto que vemos en el espejo. Que nosotros nos vemos así pero que los demás nos ven de otra manera. Ojalá. Igual si dibujo así, así, así y así siguiendo el contorno entonces ya no me falta nada. Tampoco es cierto que el espejo es el reflejo de la verdad, también la verdad se puede modificar en el espejo. Desde ese día me pareció como que a todo le faltaba algo. Todo está incompleto. Como a medio terminar. Cuando le dije que no lo quería mas, que prefería estar sola yo sabía lo que me iban a hacer. Tuve mucha vergüenza pero si él me hubiera preguntado a lo mejor le hubiera contado. Sin embargo me abrazó como sabiendo algo y nunca mas lo vi. Cuando llegué esa mañana de invierno y vi desde la estación la bruma que cubría el pueblo pensé que éste era un buen refugio. Es como si uno desapareciera del mundo. Hay que atravesar la bruma para verlo y una vez aquí adentro ya no se puede volver a ver lo que hay afuera. En la biblioteca al principio casi no me hablaban . Siempre las mismas palabras: buen día, el nombre de un libro, hasta mañana. Creí que no se me notaba. Hasta que comenzaron a hacerme preguntas ¿De dónde es señorita Amelia? ¿Por qué vino a vivir acá? ¿No le gusta ir al baile señorita Amelia? Y se me acercan como queriendo ver algo. Los otros días cuando fui al correo y tuve que pasar por el club los que estaban sentados afuera me miraban como si quisieran desnudarme. Adiós señorita Amelia, apúrese que ya se viene el agua. Los miré de reojo y los vi a todos como cortados por la mitad. A lo mejor el vestido azul todavía está bien para esta época aunque tenga mangas largas. Sí, me pongo éste. Voy a llegar tarde si no me apuro. Nunca llegué a la biblioteca después de las nueve. Son estos días en los que empieza el calorcito que me cuesta decidirme.